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Tan preocupante como el resultado y el juego del pasado Clásico fue la sensación de impotencia que dejó el equipo azulgrana. Una impotencia que personificó como ningún otro Leo Messi. El argentino, acostumbrado a ser el timón del equipo desde hace años,no pudo liderar a los azulgranas como en otras ocasiones. Una situación en la que tuvo mucho que ver la ausencia de Neymar en el tridente de ataque del Barça.La Pulga tendrá que acostumbrarse, otra vez, a lo que es la vida sin el brasileño. Neymar representaba una amenaza tan grande para los rivales del Barça, que estos debían dividir esfuerzos para ocuparse de él lo mismo que de Messi. Un reparto de efectivos del que siempre salía beneficiado el rosarino, más suelto en el campo para poder hacer daño.El partido contra el Real Madrid arrojó un dato preocupante para los culés. Messi tardó más de diez minutos en tocar su primer balón en el Santiago Bernabéu. Una falta de presencia en el devenir del partido que el Barcelona no se puede permitir a estas alturas.Mientras el Barça intenta cerrar alguna contratación que sirva para paliar los efectos de la salida de Neymar, el argentino debe buscar nuevas soluciones para el nuevo escenario. Sigue formando un ataque letal con Luis Suárez, pero ya no cuenta con un un socio en la delantera del nivel del paulista, que también podía aparecer en cualquier momento para marcar la diferencia. Como en los tiempos del Tata Martino e incluso anteriores, Messi vuelve a sentirse demasiado solo en la sala de máquinas.Obligado a bajarOtra de las consecuencias de esta nueva realidad es que Messi, ante la escasa intervención que tiene en el juego si se queda arriba, se ve obligado a bajar más de lo habitual para recibir el balón. Otra situación que el Barça tampoco se puede permitir. El argentino acostumbra a dosificar esfuerzos para aparecer cuando más daño puede hacer y, así, es imposible.

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